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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

¿Efímero, el tiempo?

Por el momento

las nostalgias se quedan en lo cóncavo del pensamiento,

administrados por el tiempo,

                     por las soledades oscuras de la noche.

Sus voces

                    pierden fuerza,

                    se diluyen formando un compuesto sin materia,

                                                            pasajero.

Sólo resultan un mormullo,

          desgastado,

          vago

                                   e insolente.

Se quedan, pues,

                           inmóviles.

Ahora su lugar es ocupado

                  por una decena de vacíos

                   dispuestos a escribir de nuevo,

                    a llenar con tinta los espacios en las hojas listas

                     para recibir otros insomnios

                      y atardeceres

                      producto de letras

                       en otras entrañas fijas en la piel.

Encontré, entonces,

      aquello que en las nostalgias no pude ver.

Ciudá’ Monstruo, agosto 16, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

Soundcloud: https://soundcloud.com/user-223468380

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Cuando abrí los ojos

¡Está ahí!

       Su rostro, su sonrisa.

      Me acerqué. No dejaba de ver la profundidad en sus ojos cafés, casi oscuros. Su cintura se deslizaba entre mis manos. Roce sus labios con los míos. Después, despacio, comencé a besarlos, a morderlos, a llenar los míos con su dulzura. Ella respondió. Los míos, fueron totalmente, cobijados por los suyos. Nuestras lenguas jugueteaban, se buscaban desesperadas. Coqueteaban indecentemente, se reconocían, se encontraban como dos almas viejas que por el juego burdo del destino fueron separadas.

       Sus manos acariciaron, con ternura, mi rostro, como tratando de robar un suspiro o el resto de alma que me quedaba, para llevarla a un lugar distinto, tranquilo, donde, al fin, llega la magia de la soledad. En tanto, mis manos reconocían cada espacio de piel en su espalda.

       Sus párpados cerrados, sus mejillas, seguían siendo, viviendo como alguna vez las conocí. Nuestras bocas, continuaban tocando las entrañas, encendiendo el deseo contenido en una chispa, rozando el tiempo sin movimiento. Nuestros cuerpos se fundían para formar un sólo ente. Era necesario estar más cerca. Tanto como lo permitiera la intimidad de una azotea.

       De pronto, abrí los ojos, la miré.

       ¡Sí, era ella!

       La misma, que al nacer, con un susurro, describieron en mi oído.

      ¡Acá el audio: (Cuando abrí los ojos)!

Ciudá’ Monstruo, agosto 8, 2017

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FB: Víctor Hugo Pedraza

Para dormir

Regreso justo a este momento,

donde las voces,

                                    el bullicio,

            sí, el movimiento;

se mezclan con la paz y la noche.

Justo al momento

                        donde puedo descansar,

                                   detener la vorágine

para sentir,

entre estos muros,

como el universo cabe entre el diálogo,

intrínseco del papel,

                                   la tinta,

                                                         y yo.

Aquí, entonces, estoy,

donde todo comienza

                                    o termina

según la descripción del presente

                                   o la multiplicación de mis pasados.

Ciudá’ Monstruo, julio 17, 2017

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Invitación a mi podcast

Tenía rato que no pasaba por acá y, bueno, que mejor forma que para hacer esta invitación. Ahora da inicio esta nueva Travesía, ahora auditiva.

Agradezco a Javo su iniciativa y que da paso a este proyecto.

Pues, bueno, sin más preámbulo, les dejo la liga de para escuchar Realidades:

Realidades 

P. D. Había pensado en algo, pero lo olvidé, en fin, cuando lo recuerde aquí lo pondré.

 

Ciudá’ Monstruo, julio 7, 2017

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Existen momentos

donde las palabras se convierten en un sin fin de silencios.

Cuando su conjunto y combinación

sólo llevan a tirarse al vacío,

a colgarse del supuesto

o de imposiciones logradas por la falsa serenidad.

Así,

sin más,

se llega a reconocer el cansancio del pétalo de una flor.

 

C. M., mayo 14, 2017

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Comenzando la noche

A cuenta gotas

         las palabras suenan,

                                 caen,

                                  se estrellan desquiciadas

contra el conjunto misterioso,

                                                  pálido,

de una hoja de papel,

fiel representante del pensamiento.

Ahí, se consolida el augurio incierto

que taladra las entrañas

del insomnio alterado,

                                     superior,

                                           que tóxico

recrimina para salir,

                     a veces sin temor, ya.

Se escucha, entonces,

                      como murmullo lacerante,

                                         su voz.

Ya no apagada,

sino imponente.

Así, se recoge,

              simplemente,

                         al comienzo de la noche

                                          mi necesidad de escribir.

C. M., abril 20, 2017

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FB: Víctor Hugo Pedraza Velázquez

Uno de fantasmas

Caminaba, ya de regreso, a mi casa. El centro de la ciudad, su noche, sus cantinas me despedían. Había bebido algunas cervezas y la calle de López me cobijaba. El luminoso letrero del Hotel Emporio alumbrara mi camino. De pronto, se apagó. ¡La ciudad se apagó!

Sólo veía algunas sombras y escuchaba el chillido de las ratas.

Me detuve. Las luces de un carro, que pasó junto a mi, me ayudaron a ver que estaba frente a una casa vieja, de esas de portón de madera, como las de la época de la revolución. Entonces escuché que varios niños corrían y gritaban detrás de aquella puerta. Lo dudé, claro, no estaba muy consciente luego de esos tragos pero aún tenía, un poco, de consciencia sobre la hora. Ya era tarde para que esos chamacos estuvieran jugando.

Luego de unos minutos sentí frío y cerré la chamarra que traía puesta, era raro estábamos en abril. En tanto pensaba en aquellas leyendas de fantasmas que se contaban de las casas antiguas del centro. En eso estaba cuando los gritos y los pasos se acercaban. Quería irme, pero estaba entumido, con los ojos pelones mirando la puerta. El cerrojo se abrió, la puerta rechinó y dejo pasar a una niña con los cabellos en la cara. Su vocecita me preguntó: “Ernesto, ¿tienes miedo?” Yo estaba aterrado y no pude responder. La niña dio media vuelta y entró a la casa.

La luz regreso detrás de ella. Miré el portón. Éste tenía un candado enorme sujetando una cadena oxidada. La casa estaba en ruinas. Nadie podía vivir ahí.

Salí corriendo y juré no regresar, mucho menos dudar de lo que se cuenta de las casas del centro.

C. M., abril 07, 2017

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FB: Víctor Hugo Pedraza

Terror en la radio…

Y en la sección “Cuentos fantásticos y de terror”, recordando aquellos programas de radio que escuchaba por las noches, antes de dormir, para después tener algunas pesadillas.

¡Vaya gusto, ¿no?!

Eso de hacer mundos con sueños inimaginables resulta un poco extraño.

En fin, luego de varios clicks en la red y respondiendo al romanticismo que aún me queda, encontré Sueños del Mundo Subterráneo: “Una cuestión de probabilidad” por Láudano en un sitio llamado  Noviembre Nocturno (

Ahí dejo la liga: https://www.ivoox.com/player_ej_13052526_4_1.html?c1=ff6600

En tanto, seguiré con “Psychopompos” de H. P. Lovecraft.

C. M., marzo 27, 2017

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@victorhugo202

EL CHANEQUE DEL JARDÍN HIDALGO

Cuando escribo lo que escribo

(LEYENDA URBANA DE COLIMA)

“No te quedes tarde en el jardín,

el chaneque ya va a salir.

No te acerques tanto al árbol,

no le pises la raíz.

También viene el señor de cartón,

es muy gordo y bigotón.

Cae el sol, es mejor irse,

al chaneque le gusta divertirse.

No te quedes solo en el jardín,

el chaneque viene por ti”.

-Canción entonada por niños en una primaria de Colima-

***

—¡¡¡MIRA EL ÁRBOL!!! ¡¡Muy bonito y muy grandote!! ¡¡Mira, mami!!

La pequeña grita a todo pulmón mientras corre alrededor del enorme árbol. El tronco es tan robusto como una casa y tan alto como un edificio. La sonrisa de la niña es igual de inmensa. Toca la corteza con una manita regordeta e ingenua. Su madre está a unos metros de distancia, pero no la escucha ni voltea a verla. La niña se aleja para explorar.

Sentada en…

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