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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

Navegar

Intento reconocerme

entre todas estas variantes inciertas.

                         Pruebo cada uno de sus sinsabores,

sus ácidos destellos,

                             ansiedades nebulosas.

Se quedan,

                 algunas,

                                   prendidas a mis manos.

Rasgan afanosamente mis dedos,

pero al final caen

                                                 estrellándose contra el piso

                                             para perderse, irremediablemente,

                                         entre las grietas de éste.

Entonces sé que no soy yo,

                                          que, ahí, no existo.

Camino, de nuevo, entre cuervos al acecho,

debajo de la mirada insistente

                     de un dios incrédulo,

                                      sacudido por mis sueños.

Se presentan, de nuevo,

los susurros que el viento recogió,

                                                             no sé dónde,

pero intentan seducirme.

Dicen,

                         que ahí estoy,

soy su alimento y que,

puedo descansar

y cumplir aquello,

                                               que cuando nací,

                                                        me contaron al oído.

¡Imposible!

Nadie,

                                      nunca,

ni en mis perversas confesiones entre pesadillas,

sabía aquel secreto.

Así,

                              descubrí esa mentira.

¡No, tampoco estoy en el viento!

Deambulo entre espasmos convergentes

                             de la ciudad moribunda,

                            entre su ocaso metálico,

                           desafiando sus fórmulas,

                                                  sus misterios.

Navego para encontrar…

                                                          me.

Ciudad Monstruo, noviembre 14, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

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De las hojas rotas…

Nota: lo que leerás a continuación se escribió en las hojas amarillentas y roídas de un periódico fechado en el año de 1983. No hay firma, sólo encontré el trozo de este texto tirado sobre la calle.

 

Justo siento un vacío en el estómago. Estoy ansioso. Como que no pertenezco a este momento y lugar. Podría darle vueltas diciendo que es la respuesta que mi cuerpo tiene al absorber la cafeína contenida en un americano de 12 onzas, preparado en una prensa francesa y, que, además, mi desayuno fue muy ligero o que los 8 de noviembre, nublados por la mañana; soleados por la tarde; oscuros por la noche; me provocan.

Por la noche… llega sólo el sueño y entonces cierro los ojos. Pretendo escapar o vaciarme, según convenga, y descubrirme en otra dimensión. Una menos espesa, donde pueda caminar y respirar sin temor a la taquicardia o a la muerte.

 

A pesar de que este texto se escribió hace tiempo parece que las cosas no han cambiado, tanto. ¿Será que la modernidad o la dinámica de la ciudad nos tiene bajo ese embrujo llamado ansiedad?

Ciudá’ Monstruo, noviembre 10, 2017

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Pegándole al peligro…

Alguna vez, bueno, en realidad, varias, un primo decía esa frase: “pegarle al peligro” con sus diferentes variantes gramaticales y de conjugación verbal. Todas ellas las entendí como hacer algo riesgoso o, fuera de lo común. Siendo así, me toca describir, eso que, ahora, lleva por nombre este, breve, texto:

No encontrarás un relato sacado de las “mejores” películas joligüdenses, esas llenas de explosiones. Tampoco riesgos como comprar un disque café en el starbuks o tomar coca cola, claro, los disque panecillos del osito bimbo –también tienen lo suyo-; sólo por mencionar algunas… no nada de esos peligros. Sólo le ando pegando al peligro en cuestiones de hacer cosas diferentes. Para ello les dejo esta rola:

P. D. Habrá quien replique mis nuevos gustos musicales, en fin, aún me falta para ser todo un aventurero.

 

Ciudá’ Monstruo, octubre 31, 2017

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¿Efímero, el tiempo?

Por el momento

las nostalgias se quedan en lo cóncavo del pensamiento,

administrados por el tiempo,

                     por las soledades oscuras de la noche.

Sus voces

                    pierden fuerza,

                    se diluyen formando un compuesto sin materia,

                                                            pasajero.

Sólo resultan un mormullo,

          desgastado,

          vago

                                   e insolente.

Se quedan, pues,

                           inmóviles.

Ahora su lugar es ocupado

                  por una decena de vacíos

                   dispuestos a escribir de nuevo,

                    a llenar con tinta los espacios en las hojas listas

                     para recibir otros insomnios

                      y atardeceres

                      producto de letras

                       en otras entrañas fijas en la piel.

Encontré, entonces,

      aquello que en las nostalgias no pude ver.

Ciudá’ Monstruo, agosto 16, 2017

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Soundcloud: https://soundcloud.com/user-223468380

Cuando abrí los ojos

¡Está ahí!

       Su rostro, su sonrisa.

      Me acerqué. No dejaba de ver la profundidad en sus ojos cafés, casi oscuros. Su cintura se deslizaba entre mis manos. Roce sus labios con los míos. Después, despacio, comencé a besarlos, a morderlos, a llenar los míos con su dulzura. Ella respondió. Los míos, fueron totalmente, cobijados por los suyos. Nuestras lenguas jugueteaban, se buscaban desesperadas. Coqueteaban indecentemente, se reconocían, se encontraban como dos almas viejas que por el juego burdo del destino fueron separadas.

       Sus manos acariciaron, con ternura, mi rostro, como tratando de robar un suspiro o el resto de alma que me quedaba, para llevarla a un lugar distinto, tranquilo, donde, al fin, llega la magia de la soledad. En tanto, mis manos reconocían cada espacio de piel en su espalda.

       Sus párpados cerrados, sus mejillas, seguían siendo, viviendo como alguna vez las conocí. Nuestras bocas, continuaban tocando las entrañas, encendiendo el deseo contenido en una chispa, rozando el tiempo sin movimiento. Nuestros cuerpos se fundían para formar un sólo ente. Era necesario estar más cerca. Tanto como lo permitiera la intimidad de una azotea.

       De pronto, abrí los ojos, la miré.

       ¡Sí, era ella!

       La misma, que al nacer, con un susurro, describieron en mi oído.

      ¡Acá el audio: (Cuando abrí los ojos)!

Ciudá’ Monstruo, agosto 8, 2017

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Para dormir

Regreso justo a este momento,

donde las voces,

                                    el bullicio,

            sí, el movimiento;

se mezclan con la paz y la noche.

Justo al momento

                        donde puedo descansar,

                                   detener la vorágine

para sentir,

entre estos muros,

como el universo cabe entre el diálogo,

intrínseco del papel,

                                   la tinta,

                                                         y yo.

Aquí, entonces, estoy,

donde todo comienza

                                    o termina

según la descripción del presente

                                   o la multiplicación de mis pasados.

Ciudá’ Monstruo, julio 17, 2017

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Invitación a mi podcast

Tenía rato que no pasaba por acá y, bueno, que mejor forma que para hacer esta invitación. Ahora da inicio esta nueva Travesía, ahora auditiva.

Agradezco a Javo su iniciativa y que da paso a este proyecto.

Pues, bueno, sin más preámbulo, les dejo la liga de para escuchar Realidades:

Realidades 

P. D. Había pensado en algo, pero lo olvidé, en fin, cuando lo recuerde aquí lo pondré.

 

Ciudá’ Monstruo, julio 7, 2017

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Existen momentos

donde las palabras se convierten en un sin fin de silencios.

Cuando su conjunto y combinación

sólo llevan a tirarse al vacío,

a colgarse del supuesto

o de imposiciones logradas por la falsa serenidad.

Así,

sin más,

se llega a reconocer el cansancio del pétalo de una flor.

 

C. M., mayo 14, 2017

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FB: Víctor Hugo Pedraza

Comenzando la noche

A cuenta gotas

         las palabras suenan,

                                 caen,

                                  se estrellan desquiciadas

contra el conjunto misterioso,

                                                  pálido,

de una hoja de papel,

fiel representante del pensamiento.

Ahí, se consolida el augurio incierto

que taladra las entrañas

del insomnio alterado,

                                     superior,

                                           que tóxico

recrimina para salir,

                     a veces sin temor, ya.

Se escucha, entonces,

                      como murmullo lacerante,

                                         su voz.

Ya no apagada,

sino imponente.

Así, se recoge,

              simplemente,

                         al comienzo de la noche

                                          mi necesidad de escribir.

C. M., abril 20, 2017

vhugopedraza@gmail.com

Twitter: @victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza Velázquez

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