Como un suspiro

el ocre del atardecer se pierde en el pasado,

se muere con la esperanza de renacer

y avivar la eternidad del universo.

 

El ocre ya no es más,

se derrama sobre las desorbitadas pupilas

de la ansiosa noche

que ahora atasca la bóveda celeste.

 

Su reino, cubre la tierra

y su pensamiento cubre mi rostro.

 

¡Siento su potencia!

 

Cierro los ojos.

Me pierdo en el impotente susurro de la voz.

Mi consciencia

ingrávida,

            como un fantasma,

se derrota ante sus pies.

 

Ante ti Noche de las Tinieblas.

Víctor Hugo Pedraza

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