Llueve:

la tierra mojada está.
Nuestros pasos
se mecen en sus entrañas.
Entre gotas viven rostros ocultos,
atrapados
bajo el sosiego de una mirada lacerante.

Como un susurro,
el destino y la lluvia
liberan su voz
para juguetear con nuestras pupilas,
estrellarlas contra el viento,
para perderse en el silencio.

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