Sí,

me confundo,

soy torpe:

la noche desconecta mi serenidad

y la pone al servicio de la ansiedad.

Me desprendo de la poca humanidad

que dejo tu silencio al paso de la luna,

no puedo tocarte;

no quiero acariciarte.

Mis necesidades y amor luchan

contra el pensamiento clavado

sobre tu cabecera.

¡Necesito “ahogarte en un grito”!

Me pierdo de nuevo:

¿qué pasa?

Dentro, sólo un vació

o tal vez no:

Vive en mi una célula,

pura,

infinita,

majestuosa.

Vive con el amor que me queda,

con los sueños latentes,

derramados en tu piel.

¡Explota,

me quedo sin materia!

Soy energía,

fluyo con el cosmos,

no hay caudal,

ni razón que me detengan.

Sólo vivo junto a esa célula en mi piel,

me susurra,

me seduce,

me invita a buscarte:

¡Ve,

acaríciala,

no borres su imagen,

roba de sus labios tu nombre,

descansa en el regazo de su corazón,

ahoga sus inseguridades,

vela sus sueños,

desnuda su piel!

¡Muere con ella!

P.D. Las frases entre comillas son de Saúl Hernández, vocalista de Caifanes.

P.D.1. Este poema y el resto inspirados en la trayectoria musical de la banda mencionada, intitulados con números romanos, pertenecen a un poemario inédito llamado: Alma: lo que es invisible a los ojos.

P.D.2. Se recomienda escuchar la rola luego de leer el poema.

Anuncios