Caminar por el asfalto rugoso, perdido

de una ciudad a veces pulcra,

pero muchas otras desorbitante, hipócrita.

Reconocer los gritos del alma devastada,

retorcida entre el arte y la poesía,

entre la música ecléctica y la otra, que dice ser auténtica.

Marea de sabores y sensaciones:

atardecer melancólico,

lleno de ayeres

conectados con futuros lastimeros que nunca serán presentes.

Descubro nuevos sueños,

me descubro danzando con otros fantasmas, nuevos Yo:

hay nuevos infiernos y horizontes.

Octubre 17,

noche de luces donde mi herencia crece,

mira con ojos de voluntad el sendero,

canta con su pequeño corazón aún noble y tierno.

Camina por una ciudad pulcra y desorbitante,

por el tiempo que le ofrece todo,

que pone en sus entrañas el universo.

Nada lo perturba,

es feliz

y yo con él.

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