Nos separamos del mundo

para fundirnos en un sólo sueño,

en una mirada luminosa.

Convertimos nuestras tristezas

en tiernas historias:

levantamos los ojos del suelo.

Resarcimos nuestros corazones

flagelados,

temerosos.

Hubo dolor,

amor,

hasta que llegó el silencio

para llevarse todo en sus palabras.

Ahora pago con el alma esa ausencia,

tal vez,

en mi,

sean cargados errores ajenos.

Despierto cada noche con la agonía de lo que no Es,

con la esperanza de Ser.

Regreso a la realidad,

miro que ya no estás:

ya no tus caricias,

tus pupilas,

el calor de tu cuerpo.

¡Con la noche, la lluvia llegó!

Anuncios