Te encontré,

encantada,

por el embrujo de un corazón inconsciente,

joven,

inmaduro.

A pesar de ello,

estrellita marinera,

navegaste intentando encontrar su puerto.

Tal vez,

una luz,

su faro dejó escapar,

tal vez un suspiro.

¡Ah, estrellita marinera!

Cuanta ilusión,

esperanza,

para en ese puerto naufragar.

Te conocí con una sonrisa,

luego,

con el tiempo,

te perdí.

¿Dónde estuviste?

Regresaste marinera: apenas te puedo ver.

Disculpa mi memoria,

La canción de la bolsa para el mareo la ocupa.

Te prometo sacudírmela pronto,

para tu tiempo mantener.

Agradezco me encontraras,

y de tus labios

tus andanzas escuchar.

Me alegro saber que aún recorres la noche,

que un puerto en tu corazón existe,

por fin tranquila estás.

Anhelo mañana

contemplarte en el mismo lugar.

En tanto un tal Roy Orbison y su sonido,

me atrapa,

al mismo tiempo que un trago de whisky

acaricia un par de cubos de hielo.

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