Camino con las manos en los bolsillos de la chamarra. El frío arrecia. Mis pasos tratan de ser más rápidos. Doblo la esquina en Zaragoza, ahí varias chicas esperan cliente. Una de ellas me mira, me sale al paso:

-¡Hola guapo!

Sonrío.

-¿Cogemos?, me pregunta.

-No, hoy no.

 

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