Lo que sigue,

no es más que una divagación por el entorno atemporal de una reflexión sin sentido aparente

u oponente.

Es un receso convencional,

ya en el umbral típico del anochecer

junto a los ácidos recovecos

de una eterna historia,

recargada en el mojado tejado

de una casa sin paredes,FR_20160219_095502_-1189490698

ni fantasmas.

Construida con silencios:

algunos azules,

otros violetas,

con la sangre de dioses impermanentes,

parciales,

sin pudor,

ni necesidades.

Lo que sigue es la resaca de un pensamiento

moderno,

atemorizado,

mal cogido,

enamorado.

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