Miradas insulsas,

atascadas de silencio,

de fuga.

Esperan una caricia,

sin el remordimiento de la soledad

luego del incógnito sexo apresurado,

pagado,

tal vez salvaje,

violento,

moderno,

con la máscara del olvido,

 

esperando en la calle cuerpos pasajeros,

remotos,

amorfos,

llagados hasta el tuétano,

pintados de mentiras,

de inconsciencia,

deslumbrados por el espejo vacío de los cuentos de hadas,

de las historias de Afrodita,

las que sólo historias descarnadas

cuentan el pasado,

disfrazado de presente

y susurrando el futuro

de un te quiero hipócrita,

que en el viento viaja,

se desvanece,

luego,FR_20160422_154651_-420658037

se pierde en una callejera mirada,

en una sonrisa coqueta,

junto a unos pesos olvidados

en el buró colgado,

aferrado,

de una cama muda,

fría,

ajena,

sin vida, ya.

 

Esas miradas insulsas,

atrapadas ya,

se deslizan bajo el romántico pensamiento

del amor acompasado,

sin embargo, fallecen cada noche al toparse de nuevo

con el fantasma de una rosa marchita,

con los versos agrios de un poeta castigado.

 

¡Insulsas miradas,

mueran ya,

basta de tanto esperar!

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