Este es, mejor dicho, será el título de algo que escriba. Aún lo estoy mascando. Unos días atrás leía “La tradición de la ruptura” en “Los hijos del limo” de La casa de la presencia de Octavio Paz, entonces me calló una idea.

        Tal vez, yo sea un romántico, de esos que son bastante necios a pesar de los reveces y esta ruptura, la de la modernidad, me pone frente al paredón de fusilamiento, Coronel Buendía. En los hombros tengo aquella tradición, el romanticismo. Decía Eliot: traemos el peso de la historia a cuestas. Así que no me salgan con que su “originalidad es única y muy original”.

            Ahora viene la ruptura, mi ruptura.

            ¿Será que debería asumirme como modermántico?

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