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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

mes

mayo 2016

ESTE AMOR

Tiempo,

en el pasado ya,

encamina estos pasos al despertar.

Crece la esperanza,

se derrama en mis sueños

como las flores nacientes de una jacaranda.

Se esparce en este tiempo que nace,

en el presente vacío,

listo para recibir nueva tinta,

con el preludio consciente del amor.

 

No el del pasado,

ese que con el sol,

frío regocijo apuntalaba.

 

No ese amor,

mal dicho amor,

que sólo incestos acumulaba,

refería a viejos fantasmas.

 

No ese amor.

 

Renace uno distinto,

cálido,

que todo lo llena.

No necesita palabras,

se evoca en una sonrisa,

seguro con un suspiro,

con el viajar de un pensamiento,

a través de la noche,   FR_20160512_155114_1287294506

junto al insomnio,

cerca del silencio,

siempre en el corazón,

cuando se pinta de rojo y violeta.

 

Tiempo fulminante,

terminas con vidas completas,

socabas esfuerzos distantes,

lánguidos.

Eres implacable.

 

En días terminarás con otra vida:

¡La mía!

 

La triturarás,

la despedazarás

y los restos dejarás en el rincón de varios corazones,

algunos amistosos,

otros hipócritas,

los más,

indiferentes.

 

Pero, ¿sabes?

 

Nunca acabarás

con mi nuevo amor:

 

El incandescente de rojo y violeta.

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El cuento que se convirtió en novela — JACINTARIO | Blog oficial de Jacinta Escudos

El 3 de mayo de 2013, es decir hoy hace exactamente tres años, estaba acostada en el sofá de mi casa pensando cuál debería ser mi siguiente proyecto de escritura. Meses antes había dado por terminada mi novela El asesino melancólico y después de una pausa me pareció que era hora de empezar con otro […]

a través de El cuento que se convirtió en novela — JACINTARIO | Blog oficial de Jacinta Escudos

¿CÓMO TE LLAMAS?

Es media noche, otra vez, intento recordar para escribir, para recrear el pasado. Pero qué sentido tiene: ¿lastimarme? No, ya no. Recordar entonces es descubrirte, volver a verte ahí, tierna, hermosa.

Sólo tengo el valor de saludarte, como todos los miércoles. Me gustas, pero no sé sí deba decírtelo, tampoco sé cómo. Es gracioso tener esta incertidumbre, se supone que a mi edad, debería saberlo o ¿debería consultar un manual?: Conquístela en 10 pasos. ¡Manual for idiots! Para todo existe uno de éstos, un deber ser. Bueno, para mi caso, no estoy muy seguro.

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Comenzaré invitándola a salir: un café, un té o una cerveza; una película. ¿Le gustará el diseño gráfico?, ¿será que una cosa vaya con la otra? Espero que sí. ¡Qué tal que le atino! Debería preparar todo el tour. ¡Ah!, pero no sé con cuánto tiempo cuento, tal vez ella tenga que regresar temprano a su casa; qué tal que su mamá la espera sentada en el sillón de la sala viendo una película de Marlo Brando; si su papá también espera escondido detrás de las cortinas de la ventana de su recámara sosteniendo una escopeta, esperando a que lleve a su hija para después soltarme unos balazos; qué tal que ella debe estudiar para preparar su tesis doctoral sobre medios libres, alternativos, autónomos o como se llamen; y si vive solo con su perrito y debe llegar a darle de comer; o si prepara un proyecto que revolucionará la industria farmacéutica, y si nos convertimos en una pareja de yonquis que viaja a través de Estados Unidos por la Ruta 66; y si terminamos desayunando desnudos en el lobby de un hotel en Reforma; y si se termina el 2 x 1 en los detergentes para ropa; y si esta “Declaración de odio” no es otra cosa que “Estar simplemente como delgada carne ya sin piel”; y si el sueño de California se diluye y en su lugar aparece uno más frío o si el rocanrol deja de sonar en mi corazón; qué tal que “La Tormenta” nos traga, mientras que nos peleamos por ser el MC o por sacar provecho de cada paso en nombre de la revolución; y si mi romanticismo no cabe en tu modernidad.

 

¿Por qué pensé en una diseñadora gráfica?

 

¡Y si mejor me callo y antes de invitarla a salir le pregunto su nombre!

Respuesta a…

¿Sabes? La noche se ha convertido en mi compañera, en mi consejera. Hoy estas palabras, como respuesta a tu carta, son hijas de la oscuridad. Están llenas de una musa, mi musa… de ti. Sí, hoy tú eres ella.

Cierro los ojos e intento, recuerdo alguna de tus palabras. Trato de acomodarlas en mi cabeza, pero es complicado. Me resisto a pensarlas. En mi loco sueño las ordeno de diferente manera, para que digan otra cosa, para que amengüen mi insomnio.

Muchas vueltas le he dado a esta respuesta, tal vez no quiero terminar de escribirte. Son tantas ideas en mi cabeza, capaz que si logro aterrizar alguna, podría ser el autor de un best seller. Lo que más me suena es la palabra “Conquista”, sobre todo, ligada a otra: “incomodidad”: la incomodidad de la conquista.

¡Me acabas de dar una lección!

¡Gracias!

Creía que con agobiarte de detalles, de palabras bonitas ganaría la batalla –eso de la conquista-, así lo dicta lo normal, el deber ser, vaya macho, ¿no? Me faltó sensibilidad, escuchar lo que tú necesitabas. Agradezco entonces tu sinceridad, ahora puedo estar atento a esas formas. Por otro lado y para no caer en eso que me explicabas de los kabbalisticos, me toca sincerarme contigo: eso de la conquista no me gusta, lo veo referido al poder, al sometimiento del otro, otra. Más bien mi intención es la de compartir, quería descubrirme ante ti. Me ganó el acelere característico de esta modernidad.

Sin duda respeto, entiendo y admiro tu capacidad para detener lo que no quieres o lo que ahora no necesitas. Muchas veces sólo nos dejamos llevar, nos enganchamos y terminamos frustrados con relaciones y situaciones que nos resta.

Siguiendo con las sinceridades, paso mucho tiempo pensando en ti. Me hubiese gustado que esto llegara a más, porque me interesas sobremanera, pero ahora entiendo tu situación y no quiero interferir en esa paz que buscas. Es un camino difícil, mira que lo conozco, pero tiene muchas satisfacciones. De corazón deseo que logres esa transición, que termines por encontrar el amor “donde reposan todos los amores” y si sigo ahí, pues ya hablaremos. En tanto aquí estaré con las manos llenas de amistad y los oídos prestos a escuchar.

Abriste una puerta, por ella se escurrió una luz, pasó de contrabando y me tocó. Me sigue acariciando, me abraza, por ello no está cerrada, ni se cerrará, porque permitió reconocerme, reafirmarme como ser humano: el que sueña, el que tiene esperanza, el que logra provocar una sonrisa, el que encanta, el que se equivoca, el que vive.

¡Sí Lú, eso hiciste!

Seguirás siendo la musa de este poeta, que por su condición, el romanticismo se funde en cada sonido de esta moderna ciudad, pero no te preocupes tu condición se aloja ya en el Parnaso de mis concepciones. Caminemos entonces, que hable el tiempo o el destino o como quiera que se llame. El universo es caprichoso y todo puede cambiar.

¡Nunca dejes de sonreír!

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