Con los ojos cerrados

miro dentro,

en el centro,

mi núcleo.

Descubro en él palpitaciones distintas,

hojas sueltas,

colgadas de la catatónica esfera

destinada al conjunto iluso

que la realidad significa:

Tiempo.

El mío

camina al revés,

Es otro,

más libre,

tranquilo,

poderoso.

Este es mi tiempo,

atento está

para escuchar del silencio.

Lleva un movimiento diferente,

pero anda,

encuentra geometrías sagradas,

segundos perennes esculpidos por la insaciable

voracidad moderna.

 

Este tiempo,

tu tiempo,

se clava en lo profundo de mi memoria,

en el estrecho oscilar de mis pupilas,

junto a las voces convexas que mi alma vomita.

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