Camino al trabajo, en el transporte público, claro, en tanto que la mayoría dormía para recuperar un poco del sueño perdido, la chamarra de un don mayor me llamó la atención. Era de las que, en mis tiempos mozos, de primaria, llamaban de esquimal. La del don era verde olivo. La mía era azul marino con el forro interior naranja y alrededor del gorro un material, que hasta el día de hoy no sé cómo se llama, es como de peluche, peluchón, decía mi amigo Lolo. Cuando en la chamba haya tiempo buscaré el nombre, en fin.

La chamarra, ¡ah sí! Era bien calientita, aunque me apenaba usarla, por lo del peluchón. ¿qué diría la gente de mí? Seguro se burlarían. Por esa razón la use poco.

Ahora, al verla de nuevo, me transportó a aquella época con todos sus sabores, sanos y no.

¡Por unos momentos estuve en el pasado!

¿Será que sí existen las máquinas del tiempo?

¿Podrá un objeto por sí sólo romper esa barrera?

¿Necesitamos tecnología avanzada, teorías sobre saltos cuánticos, multiversos, súper velocidad?

Desconozco si estos sueños, hipótesis o teorías existan, mis referencias vienen de cuentos, cómics, películas o series de Ci-Fi. Lo que sí puedo afirmar es que clarito sentí y viví el pasado, bueno, hasta me reí de algunas cosas.

Cuando regresé del viaje, conmigo se pegó la firme convicción de tener, otra vez, una chamarra de esquimal. El frío cala, además, soy un adulto y lo que digan los demás me vale. Sin embargo, aún tengo la necesidad de saber cómo funciona el tiempo o la mente. Más me vale, porque si no de qué irá el próximo cuento.

¡No puedo perder el tiempo pensando!

Bueno, después de una pestaña para recuperar un poco del sueño perdido.

Diciembre 08, 2016

 

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