El tiempo,

con sus recovecos,

permite recorrer sus sendas,

misteriosas,

algunas,

sublimes,

otras,

siempre,

fulminantes.

Son creadas de formas inimaginables,

incongruentes.

Se filtran entre sueños

o sobre el remanente de otros tiempos

que asemejan destellos incoherentes,

desconocidos.

Sus signos, incomprensibles,

se pierden en la inútil transcripción

de perfiles rotos

como las almas desojadas

de quienes dicen entenderlos.

Suponen huellas, quimeras                          fr_20170116_161428_1783204924

y eslabones.

Creen reconocer cada espasmo

o suspiro divergente,

convexo,

alucinante.

Dictan teorías,

clavan dogmas,

enferman de vanidad,

precisan orgullos que se estrellan contra sus pupilas

derramando en sus palabras

el más fiel monstruo de la destrucción:

La soberbia.

Aquellos entendidos,

desconocen,

como su costumbre dicta,

los colores de la flor,

el Hado.

En tanto el tiempo,

sus sendas resguarda,

las guarda para aquellos

que cierran los ojos,

se reconocen

y libres…

 

Deciden caminar.

Enero 13, 2017

Comunícate:

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

 

Anuncios