Cuando el sol

o Marte

o el cosmos

son seducidos y caen,

de rodillas,

ante el esplendor de la noche y sus misterios,

de sus brujas,

confío en que algunos dioses,

ocultos,

rompan el ahogado silencio,

así, sus esquirlas apasionadas

se estrellen y

desgarren las entrañas de un cuerpo cadavérico y ansioso,

que alucinado,

quiere derrumbar el vaticinio de los profetas,

aquel encadenado a cada latido en el corazón,

dotando de respuesta a las preguntas en su memoria,

desarrollando,

por inercia,

la mera creación de una vasta realidad

que sólo puede mirar con los ojos del efímero tiempo,

el implacable.

 

C. M., febrero 12, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

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