Nota: lo que leerás a continuación se escribió en las hojas amarillentas y roídas de un periódico fechado en el año de 1983. No hay firma, sólo encontré el trozo de este texto tirado sobre la calle.

 

Justo siento un vacío en el estómago. Estoy ansioso. Como que no pertenezco a este momento y lugar. Podría darle vueltas diciendo que es la respuesta que mi cuerpo tiene al absorber la cafeína contenida en un americano de 12 onzas, preparado en una prensa francesa y, que, además, mi desayuno fue muy ligero o que los 8 de noviembre, nublados por la mañana; soleados por la tarde; oscuros por la noche; me provocan.

Por la noche… llega sólo el sueño y entonces cierro los ojos. Pretendo escapar o vaciarme, según convenga, y descubrirme en otra dimensión. Una menos espesa, donde pueda caminar y respirar sin temor a la taquicardia o a la muerte.

 

A pesar de que este texto se escribió hace tiempo parece que las cosas no han cambiado, tanto. ¿Será que la modernidad o la dinámica de la ciudad nos tiene bajo ese embrujo llamado ansiedad?

Ciudá’ Monstruo, noviembre 10, 2017

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@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

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