–¿Está el güero?

–¿Cuál güero?

–¡Juan, John, José, Pepe!, creo que se llama.

–¡Ah, sí! Él no está –el dependiente respondió, inseguro y temeroso.

–¿Crees que tarde?

–Sí, acaba de salir.

El que llegó frunció el ceño, un tanto angustiado, seguro molesto. El dependiente sintió lo último y su actitud pasó a la defensiva.

–¡Háblale! Él me dijo que yo le hablara antes de venir, pero no traigo el teléfono –en tanto se buscaba en las bolsas del pantalón.

–Ah, y ¿qué le digo?, ¿quién lo busca?

–Él ya sabe.

La conversación se torno ambigua y misteriosa. Ninguno de los participantes daba más información.

–Pu’s espéralo.

–No, no, no, no puedo. ¿Por qué no le marcas? Él me dijo que lo hicieras.

–¡Espéralo!

–Vivo lejos. No puedo. Ya me voy. A ver cuándo regreso.

–¿Quieres que le de algún recado?

–No. Dile que vine.

–Ajá, pero quién le digo que vino. Él sabe quién eres, pero yo no. ¿Cómo le paso tu recado? ¿Le digo que vino Un Alguien a buscarlo?

 

Continuará muy pronto…

 

Cuando el sol debería estar en plenitud, sin embargo, las nubes lo cubren, justo, en el último suspiro del octavo mes, del 2019

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