Antes que nada y, después de todo, mi queridísimo, Efrén, esa ciudad primera, la muy primera que recorriste, esa la que lleva como apellido de la Victoria, que para ser sincero no sé a qué victoria se refiera. Esa, entonces, no difiere de alguna otra. Claro, ha cambiado desde que la caminaste el siglo pasado: algunos se fueron, otras llegaron, sumas y restas como la vida cuenta.

Seguro otras casas, otros patios, menos escuelas, el bullicio del mercado revoloteando entre sus colores o los largos tramos hacia el campo. Ya varios autos levantaban el polvo de las calles jóvenes, precarias y, hoy, añejas con destinos inciertos como la vida cuenta.

Emigraste, como tantas personas, buscando otros derroteros, nuevas voces y otros suspiros. En el camino declaraciones de odio y de amor, revoluciones y otras victorias sin sabores como la vida cuenta.

Llegaste, pues, a mi ciudad, la que apodo monstruo, Ciudad Monstruo, así con todas sus letras, no por desprecio ni por temor, tampoco por resentimiento. La llamo de esa forma porque en ella caben los ilusionistas ilusionados, los profetas sacados de aquellos sacos blancos llenos de tanta noche, las mujeres repletas de dignidad y la infancia sin risas o con ellas, pero huecas y corrompidas por quienes presumen adultez, acaso dónde cuatro letras son el detonante del caos o donde…

“Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú”.

Sí, ese es el monstruo contenido en las entrañas del generador de historias o de miserias, según el caos.

Lo que sigue es historia y en estos Tiempos modernos el instante es efímero y pasa a engrosar sus filas, sin embargo, esto que escribiré no me llevará más de un instante como fue observar las calles de de la Victoria. Me reconocí en ellas. Encontré las mismas alucinaciones y la idea se vino abajo. En mi: la tristeza y la angustia, pero no todo está perdido. Hay quienes de la maravilla por el corazón y sus atribuciones hacen suyo este universo, nuestro Universo.

Ojalá que a tu regreso nos encontremos para divagar entre la neurosis que dejó la apuesta por lo nuestro… como la vida cuenta.

Infielmente tuyo

Al rayar el 16, de un octubre, con unas inmensas lunas enamoradas de la noche más noche

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