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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

Categoría

Los 52

Uno de fantasmas

Caminaba, ya de regreso, a mi casa. El centro de la ciudad, su noche, sus cantinas me despedían. Había bebido algunas cervezas y la calle de López me cobijaba. El luminoso letrero del Hotel Emporio alumbrara mi camino. De pronto, se apagó. ¡La ciudad se apagó!

Sólo veía algunas sombras y escuchaba el chillido de las ratas.

Me detuve. Las luces de un carro, que pasó junto a mi, me ayudaron a ver que estaba frente a una casa vieja, de esas de portón de madera, como las de la época de la revolución. Entonces escuché que varios niños corrían y gritaban detrás de aquella puerta. Lo dudé, claro, no estaba muy consciente luego de esos tragos pero aún tenía, un poco, de consciencia sobre la hora. Ya era tarde para que esos chamacos estuvieran jugando.

Luego de unos minutos sentí frío y cerré la chamarra que traía puesta, era raro estábamos en abril. En tanto pensaba en aquellas leyendas de fantasmas que se contaban de las casas antiguas del centro. En eso estaba cuando los gritos y los pasos se acercaban. Quería irme, pero estaba entumido, con los ojos pelones mirando la puerta. El cerrojo se abrió, la puerta rechinó y dejo pasar a una niña con los cabellos en la cara. Su vocecita me preguntó: “Ernesto, ¿tienes miedo?” Yo estaba aterrado y no pude responder. La niña dio media vuelta y entró a la casa.

La luz regreso detrás de ella. Miré el portón. Éste tenía un candado enorme sujetando una cadena oxidada. La casa estaba en ruinas. Nadie podía vivir ahí.

Salí corriendo y juré no regresar, mucho menos dudar de lo que se cuenta de las casas del centro.

C. M., abril 07, 2017

vhugopedraza@gmail.com

Twitter: @victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

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Cavilando

-¡Efrén… me llamo Efrén Huert

-¿Será que al dormir encuentre Cebollas verdes?

Esperaba sentado sobre una banca de la estación Chilpancingo, del metrobús en la Ciudad Mostro, cuando me preguntaron:

          -Joven, ¿el parque México?

          -Sí, -respondí luego de pensarlo unos segundos.

        -Camine al fondo del pasillo, doble a la izquierda y siga por la calle Tabasco. ¿La ve? -pregunté señalando con el dedo índice.

          -¡Ajá! -asintió

          -Después, en la primer cuadra vaya a la derecha -continué-, por ahí llegará directo al parque.

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          -¡Gracias, joven!

          -De nada – sonreí.

Seguí ahí, sentado sobre la banca de aquella estación, esperando la hora para encontrarme con aquel escritor de novelas.

          ¡Ese que me da vida!

          ¡Buena noche!

C. M., marzo 02, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

TIEMPOS, SALTOS Y OTRAS RELATIVIDADES (1/52)

Camino al trabajo, en el transporte público, claro, en tanto que la mayoría dormía para recuperar un poco del sueño perdido, la chamarra de un don mayor me llamó la atención. Era de las que, en mis tiempos mozos, de primaria, llamaban de esquimal. La del don era verde olivo. La mía era azul marino con el forro interior naranja y alrededor del gorro un material, que hasta el día de hoy no sé cómo se llama, es como de peluche, peluchón, decía mi amigo Lolo. Cuando en la chamba haya tiempo buscaré el nombre, en fin.

La chamarra, ¡ah sí! Era bien calientita, aunque me apenaba usarla, por lo del peluchón. ¿qué diría la gente de mí? Seguro se burlarían. Por esa razón la use poco.

Ahora, al verla de nuevo, me transportó a aquella época con todos sus sabores, sanos y no.

¡Por unos momentos estuve en el pasado!

¿Será que sí existen las máquinas del tiempo?

¿Podrá un objeto por sí sólo romper esa barrera?

¿Necesitamos tecnología avanzada, teorías sobre saltos cuánticos, multiversos, súper velocidad?

Desconozco si estos sueños, hipótesis o teorías existan, mis referencias vienen de cuentos, cómics, películas o series de Ci-Fi. Lo que sí puedo afirmar es que clarito sentí y viví el pasado, bueno, hasta me reí de algunas cosas.

Cuando regresé del viaje, conmigo se pegó la firme convicción de tener, otra vez, una chamarra de esquimal. El frío cala, además, soy un adulto y lo que digan los demás me vale. Sin embargo, aún tengo la necesidad de saber cómo funciona el tiempo o la mente. Más me vale, porque si no de qué irá el próximo cuento.

¡No puedo perder el tiempo pensando!

Bueno, después de una pestaña para recuperar un poco del sueño perdido.

Diciembre 08, 2016

 

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