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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

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Sonámbulo

Respuesta a…

¿Sabes? La noche se ha convertido en mi compañera, en mi consejera. Hoy estas palabras, como respuesta a tu carta, son hijas de la oscuridad. Están llenas de una musa, mi musa… de ti. Sí, hoy tú eres ella.

Cierro los ojos e intento, recuerdo alguna de tus palabras. Trato de acomodarlas en mi cabeza, pero es complicado. Me resisto a pensarlas. En mi loco sueño las ordeno de diferente manera, para que digan otra cosa, para que amengüen mi insomnio.

Muchas vueltas le he dado a esta respuesta, tal vez no quiero terminar de escribirte. Son tantas ideas en mi cabeza, capaz que si logro aterrizar alguna, podría ser el autor de un best seller. Lo que más me suena es la palabra “Conquista”, sobre todo, ligada a otra: “incomodidad”: la incomodidad de la conquista.

¡Me acabas de dar una lección!

¡Gracias!

Creía que con agobiarte de detalles, de palabras bonitas ganaría la batalla –eso de la conquista-, así lo dicta lo normal, el deber ser, vaya macho, ¿no? Me faltó sensibilidad, escuchar lo que tú necesitabas. Agradezco entonces tu sinceridad, ahora puedo estar atento a esas formas. Por otro lado y para no caer en eso que me explicabas de los kabbalisticos, me toca sincerarme contigo: eso de la conquista no me gusta, lo veo referido al poder, al sometimiento del otro, otra. Más bien mi intención es la de compartir, quería descubrirme ante ti. Me ganó el acelere característico de esta modernidad.

Sin duda respeto, entiendo y admiro tu capacidad para detener lo que no quieres o lo que ahora no necesitas. Muchas veces sólo nos dejamos llevar, nos enganchamos y terminamos frustrados con relaciones y situaciones que nos resta.

Siguiendo con las sinceridades, paso mucho tiempo pensando en ti. Me hubiese gustado que esto llegara a más, porque me interesas sobremanera, pero ahora entiendo tu situación y no quiero interferir en esa paz que buscas. Es un camino difícil, mira que lo conozco, pero tiene muchas satisfacciones. De corazón deseo que logres esa transición, que termines por encontrar el amor “donde reposan todos los amores” y si sigo ahí, pues ya hablaremos. En tanto aquí estaré con las manos llenas de amistad y los oídos prestos a escuchar.

Abriste una puerta, por ella se escurrió una luz, pasó de contrabando y me tocó. Me sigue acariciando, me abraza, por ello no está cerrada, ni se cerrará, porque permitió reconocerme, reafirmarme como ser humano: el que sueña, el que tiene esperanza, el que logra provocar una sonrisa, el que encanta, el que se equivoca, el que vive.

¡Sí Lú, eso hiciste!

Seguirás siendo la musa de este poeta, que por su condición, el romanticismo se funde en cada sonido de esta moderna ciudad, pero no te preocupes tu condición se aloja ya en el Parnaso de mis concepciones. Caminemos entonces, que hable el tiempo o el destino o como quiera que se llame. El universo es caprichoso y todo puede cambiar.

¡Nunca dejes de sonreír!

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Mi romanticismo… no

Este es, mejor dicho, será el título de algo que escriba. Aún lo estoy mascando. Unos días atrás leía “La tradición de la ruptura” en “Los hijos del limo” de La casa de la presencia de Octavio Paz, entonces me calló una idea.

        Tal vez, yo sea un romántico, de esos que son bastante necios a pesar de los reveces y esta ruptura, la de la modernidad, me pone frente al paredón de fusilamiento, Coronel Buendía. En los hombros tengo aquella tradición, el romanticismo. Decía Eliot: traemos el peso de la historia a cuestas. Así que no me salgan con que su “originalidad es única y muy original”.

            Ahora viene la ruptura, mi ruptura.

            ¿Será que debería asumirme como modermántico?

Vampiro energético.

Vampiro energético! Así me llamó Ella.

Dice que es alguien que roba energía. Me sentí agredido, triste, ésta sería una mancha más al tigre, seguro por mi ignorancia. No entendía qué era eso o quién era eso. Me imaginé con toda la parafernalia del vampiro de Bram Stoker, succionando el cuello de alguien, bebiendo su energía. Pero si eso era real ¿entonces dónde la tengo? Yo seguía sintiéndome de la chiganda, o sea, cansado. Sin más, llegando a mi casa lo guglié.

Encontré entradas como: “Cómo lidiar con vampiros energéticos: 10 pasos; Cómo reconocer a los vampiros psíquicos y energéticos; Vampiros energéticos: claves para identificarlos y protegerse; Vampiros energéticos o emocionales-Guerrero espiritual o la toma de poder”. Todas coinciden con lo que Ella me dijo. No lo creo. Yo sigo sin energía.

¡¿Habrá otro vampiro robándomela?! fr03 02 2016121355

En fin, lo que es real es que todos están en mi contra.

¡Vampiros a mí!

Bastante tengo con la neurosis de mi mujer, con su exagerada necesidad de atención. ¡Ah!, y con vigilar que todo esté bien.

 

Zaragoza 22:45

Camino con las manos en los bolsillos de la chamarra. El frío arrecia. Mis pasos tratan de ser más rápidos. Doblo la esquina en Zaragoza, ahí varias chicas esperan cliente. Una de ellas me mira, me sale al paso:

-¡Hola guapo!

Sonrío.

-¿Cogemos?, me pregunta.

-No, hoy no.

 

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A mi padre.

Papá, hoy tengo la edad de un adulto, una familia, casa, carro, perro-gato, fumo y bebo, alguna “canita al aire”, me gusta el fut, bueno, todo eso que está bien visto o que es perdonable.

¡Ah! Olvidaba algo, también tengo una carrera.

 

La verdad:

Si tengo la edad de un adulto, pero me comportaba como niño berrinchudo, una familia trunca, ¿casa? No es mía, la rento; el carro ni lo cuentes, soy alérgico a los gatos y del perro, bueno, para que sea feliz en la casa debería tener un gran patio. Fumo a veces, bebo en las fiestas o cuando el dinero de la quincena me da chance de hacerlo. El trabajo, pues es llevadero, en ocasiones me estresa –es lo de hoy-, también me decepciona. El fut, lo dejé desde el día que vi que es un negociazo y el dinero no alcanzaba para pagar mi entrada a un equipo de primera división, perdón, a fuerzas básicas. Lo de la “canita al aire” no se me dio.

Tranquilo pa’, la carrera si es real. En eso estoy, pero no estudio una ingeniería como me recomendabas. Lo mío, son las letras.

Sí, lo sé. Ya me preguntaste alguna vez de qué viviría o dónde trabajaría. No te preocupes. Como te conté ya tengo trabajo y sigo vivo. No todo es malo, tienes una hermosa nieta y un guapo nieto –más los de mis hermanas. Disfruto tanto lo que mi carrera me da, las pláticas con otras personas alrededor de un trago de whisky o de una cerveza o sin ellos –tampoco es necesario-, cambié el fut por eso de correr, me casé dos veces, ¡ah!, y dejé de hacer berrinche.

 

A un año de tu muerte, te extraño y busco el amor escondido en una estrella. Pasé mucho tiempo alejado de ti, haciéndome el importante, molesto contigo, eso que hacen los adultos. El pasado 9 de enero salí de la ciudad y descubrí otra de la que me enamoré. Ahí una cantina me encontró. Entré recordando la única vez que tú y yo compartimos un lugar así. Esperaba verte ahí, sentado junto a la barra, platicando con el cantinero. Quería decirte que por fin entendía que todo lo que hiciste fue porque pensaste que era lo mejor para mi. Aquella vez cuando tuve esa oportunidad, como buen niño berrinchudo y sin saber expresar lo que sentía, decidí esconderme detrás del orgullo, así, fácil. Además, nadie podía decirme qué y cómo vivir, eso, yo ya lo sabía.

En realidad sólo necesitaba un abrazo y una caricia, pero me quedé callado.

Pasaron tantas cosas –te las platicaré en cartas posteriores. Aprendí de ellas y ahora pa’, ya no me quedo callado. Escribir me sana, como ahora.

 

No puedo verte, pero sé y siento que lees con atención.

 

¡Te quiero!

 

 

Tu hijo, el escritor.

 

Referencias y reflexiones sobre el amor

El texto que sigue lo escribí para la presentación de la antología poética Sombras de amores y amantes, editada y publicada por la revista Sombra del aire , (aquí su dirección electrónica: http://sombradelaire.com.mx/principio/), donde colaboro.

En ella aparece uno de mis poemas, pero estas líneas eran para leerlas en alguna presentación de la antología, lo cual no su sucedió, hasta ahora, tal vez me la están guardando. En fin, por aquí lo dejo…

Referencias y reflexiones sobre el amor

Para escribir estas líneas, primero pensé en leer y releer algunos autores con gran peso específico relacionado al tema que nos atañe, dentro del ambiente cultural, social y hasta político, pero Nidya, nuestra editora, no esperaría tanto tiempo para que yo terminara.

Luego de esa reflexión, recordé las palabras del Sup Galeano refiriéndose a que si un texto se llena de referencias a otros autores –no es que eso sea malo- sería más sencillo remitirlos a ellos y lo que piensa quien escribe se perdería. Entonces…

¡Te extraño! Caminar entre las entrañas de la ciudad mojada, brincando charcos. Mirar la vieja tlapalería El farol eléctrico. “Fue niña, pesó 3.100 Kg, midió 50 cm, está bien”. Las palabras que caben dentro de un verso. “¿Qué… tú no bailas?”. Caminar la noche en busca de la libertad. “Fue niño, pesó 3.250 Kg, midió 55 cm, está bien”. Un trago de whisky luego de leer el final de un libro. El metro, con sus ires y venires; con sus sueños y frustraciones, con sus miedos y quimeras. Descubrir la soledad como bondadosa consejera. Escuchar el eco de los fantasmas del pasado. La dignidad derramándose por los ojos de aquellos rostros cubiertos por la noche. Sobrevivir bajo el yugo de los falsos profetas. La incertidumbre generada por aquel que estuvo lejos. “Mariposas en el estómago”. Buscar respuestas, tal vez imposibles, en refugios misteriosos del pensamiento. Vida, muerte. “Desafiar al sistema”. La ciudad con sus voces y luces neón; sus edificios ingrávidos e inertes, mudos jueces del tiempo. Escuchar, compartir, luchar. La sombra de aquella, de aquel que enseña, critica y mis vela los sueños. “¡Compa!”. Estas palabras. Otras palabras. El café. Mi compañera: el estruendo en su voz que detiene mi caos. La montaña con sus nubes a cuestas. Oventic. La Realidad. Deslizarse montado en una patineta sobre la pendiente más prolongada de la colonia, claro, con la certeza de chocar contra los huacales apilados de un puesto de verduras. El primer gol con el equipo de la cuadra. Levantar la cabeza a pesar de la explotación, del despojo, de la represión y del desprecio. Rocanrol. El Dindo Gatito Viñerín, dos veces Ñerín. Mamá. Señalar las estrellas sin perder de vista la mano que les apunta. “¡Buenos díínas Cosi!”. Un barquillo gigante con dos bolas de helado sabor vainilla. “De grande quiero ser como tú”. Rigoberto. Compañera, compañero. Los vidrios rotos en la casa de los abuelos: “el balón los golpeó solito”. Efraín Huerta. El ocre deslizándose en la orilla del horizonte. Papá, te fuiste, dejándome atado a tu ausencia, a tu silencio. Belascoarán al son de un acordeón. Californication. “Este va por aquel que fue”. Noches acompasadas de frente a uno mismo, sin recriminación, con la fortaleza del reconocimiento. Tlatelolco. La Garrucha. Dibujar figuras en el vaho impregnado sobre el vidrio de aquel viejo Valiant gris. Romper en llanto cuando la niña de trenza chueca dijo “no”. “Apándence bien”. Los amigos que están, los que prometieron volver y los que se llevan en la memoria. 1 de enero de 1994. Un paliacate rojo anudado alrededor del cuello. Poesía. Un viernes de agosto del 2010.

… entonces, haciendo honor a la verdad, no podría escribir un ensayo sobre el amor. No porque no lo sienta, sino, precisamente porque es eso: un sentimiento. Una expresión tan humana es imposible encerrar en cuatro letras.

Para fines prácticos y en mi rescate, existe quien ya atrapó ese sentimiento y lo redujo a una definición. Prueba de ello tenemos al DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), con sus nueve acepciones, ¡este mundo siempre tan “democrático”!, donde caben ese mismo número de pensamientos identificados, el resto ¿dónde cabemos? Tal vez en La llama doble de Octavio Paz. Él nos cuenta que durante su estancia en la India se enamoró de “las noches azules y eléctricas como las del poema que canta los amores de Krisna y Radna”, entonces decide “escribir un pequeño libro sobre el amor […] partiendo de la conexión íntima entre los tres dominios –el sexo, el erotismo y el amor”. Aquí cabemos otros tantos. El resto, ¿dónde cabemos? Seguramente habrá más bibliografía donde podamos caber. Hasta aquí dejo esto de las referencias, porque estoy cayendo en una contradicción con respecto a las primeras líneas, las del Sup Galeano, por cierto, también tiene sus asegunes sobre el tema.

Lo que quiero hacer notar es que el sentimiento del que hemos hablado es tan diverso como seres humanos en el mundo, por tanto, cada uno tendrá en su palabra su visión y expresión del mismo. En ese sentido, aún no puedo ensayar sobre el tema. Sólo puedo notar que el amor se encuentra “abajo y a la izquierda”.

P.D. La rola tomó sentido una noche de bar, hace ya varios años, en algún lugar donde la época colonial se aferró y se quedó colgada del tiempo. Valdría la pena escribir sobre ello, claro, en otra ocasión.

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