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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

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narración

Pegándole al peligro…

Alguna vez, bueno, en realidad, varias, un primo decía esa frase: “pegarle al peligro” con sus diferentes variantes gramaticales y de conjugación verbal. Todas ellas las entendí como hacer algo riesgoso o, fuera de lo común. Siendo así, me toca describir, eso que, ahora, lleva por nombre este, breve, texto:

No encontrarás un relato sacado de las “mejores” películas joligüdenses, esas llenas de explosiones. Tampoco riesgos como comprar un disque café en el starbuks o tomar coca cola, claro, los disque panecillos del osito bimbo –también tienen lo suyo-; sólo por mencionar algunas… no nada de esos peligros. Sólo le ando pegando al peligro en cuestiones de hacer cosas diferentes. Para ello les dejo esta rola:

P. D. Habrá quien replique mis nuevos gustos musicales, en fin, aún me falta para ser todo un aventurero.

 

Ciudá’ Monstruo, octubre 31, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

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TIEMPOS, SALTOS Y OTRAS RELATIVIDADES (1/52)

Camino al trabajo, en el transporte público, claro, en tanto que la mayoría dormía para recuperar un poco del sueño perdido, la chamarra de un don mayor me llamó la atención. Era de las que, en mis tiempos mozos, de primaria, llamaban de esquimal. La del don era verde olivo. La mía era azul marino con el forro interior naranja y alrededor del gorro un material, que hasta el día de hoy no sé cómo se llama, es como de peluche, peluchón, decía mi amigo Lolo. Cuando en la chamba haya tiempo buscaré el nombre, en fin.

La chamarra, ¡ah sí! Era bien calientita, aunque me apenaba usarla, por lo del peluchón. ¿qué diría la gente de mí? Seguro se burlarían. Por esa razón la use poco.

Ahora, al verla de nuevo, me transportó a aquella época con todos sus sabores, sanos y no.

¡Por unos momentos estuve en el pasado!

¿Será que sí existen las máquinas del tiempo?

¿Podrá un objeto por sí sólo romper esa barrera?

¿Necesitamos tecnología avanzada, teorías sobre saltos cuánticos, multiversos, súper velocidad?

Desconozco si estos sueños, hipótesis o teorías existan, mis referencias vienen de cuentos, cómics, películas o series de Ci-Fi. Lo que sí puedo afirmar es que clarito sentí y viví el pasado, bueno, hasta me reí de algunas cosas.

Cuando regresé del viaje, conmigo se pegó la firme convicción de tener, otra vez, una chamarra de esquimal. El frío cala, además, soy un adulto y lo que digan los demás me vale. Sin embargo, aún tengo la necesidad de saber cómo funciona el tiempo o la mente. Más me vale, porque si no de qué irá el próximo cuento.

¡No puedo perder el tiempo pensando!

Bueno, después de una pestaña para recuperar un poco del sueño perdido.

Diciembre 08, 2016

 

Génesis de los 52

Allá por la primera mitad del mes de noviembre encontré una nota en Twitter que me llamó la atención, decía: Proyecto Bradbury: 52 semanas, 52 cuentos. Primero pensé que era una compilación del autor. Me emocionó. Después seguí la liga. Me encontré con que ese artículo era un reto para escribir 52 cuentos cortos en 52 semanas, uno a la semana.

Seguía emocionado.

Comencé a leer las anécdotas  de quienes ya lo habían hecho, me impresionaron, además de animarme a hacerlo. Ya con toda la intensión bien puesta, pluma y papel listos, pensé:

-¡Está cabrón: uno a la semana, si ni por lo menos escribo uno al mes! A veces, cuando comienzo con uno, difícilmente lo acabo.

Así mi neurosis. Pero, llegó la solución a mi dilema: (Leer lo que está entre comillas imaginando una voz superior) “Durante un año escribe un cuento corto cada semana. No es posible escribir 52 cuentos malos consecutivos […] escribe un cuento nuevo cada semana, no rescatado, no retocado. Se trata de ser honesto contigo mismo”.

Entonces me decidí a tomar el proyecto-reto. La voz del más allá fue bastante motivadora y confié en sus sabias palabras. Ahora, escribiré, ojalá los cuentos no sean tan malos.

¡Van los 52, aunados a 52 poemas!

Diciembre 7, 2016

Karoshi: en busca del hilo negro

Decía que no tenía nada.

      Ese doctor del Seguro Social sólo me dio unas pastillitas para el dolor de cabeza, me programó una cita para tres meses después, claro, no sin antes, dos meses y medio, estudios de laboratorio. Lo cierto era que yo creía que iba a morir. A cada rato me enfermaba del estómago, dejaba de comer, no dormía bien, sentía como taquicardias, ya ni se me antojaba mi novio y eso no ya no es normal, no es de dios. Entonces busqué la segunda opinión y la tercera y la cuarta: el consultorio de Los Similares, el consultorio del doctor Pérez, la prima de una amiga, especialista en trastornos del sueño, lectura del iris, del café, de los caracoles, de la mayonesa, del tarot, té de tila, de ajenjo, fumé mota, alineé mis chacras, le pedí al santo de las cosas difíciles, al santo… enmascarado de plata, bueno, hasta fui con doña Lenchita a que me hiciera una limpia. Mi tía me decía que lo más seguro era que cuando fui al panteón, a ver a mi abuelo, se me había pegado un muerto porque no llevaba la mitad de una cebolla debajo de la blusa. Todos estos malabares me llevaron a la misma respuesta: “No tienes nada”. Lo que si tuve seguro fue que debía trabajar más tiempo. Las visitas, los menjurjes y esas, otras, medicinas alternativas cuestan. Nadie en la vida hace las cosas gratis.

       Ya no la veía llegar, mis esfuerzos no funcionaban, quería echarme a correr, mandar todo a la chingada.

       Luego de la visita a doña Lenchita, por enésima vez, regresé a mi casa, entre a mi recámara, encendí la lap del trabajo y me conecté. Tenía que contestar los correos que se habían acumulado. Pasaba de la media noche y yo seguía en chinga, el dolor de cabeza regresó junto a un mareo. ¡Y si estaba embarazada! La verdad no creo, era mi ansiedad o a menos que el espíritu santo haya hecho de las suyas, otra vez, después de dos mil años.

       Cerré el correo y gogleé mis síntomas.

       ¡Ándale, encontré: Karoshi!

       Lo que me faltaba. Ya tenía bastante con mis otras palabras y prácticas para sanar y ahora llegaba esta palabra de juego de video japonés. Pero no venía sola, se acompañaba del siguiente título:

HORARIOS PROLONGADOS DE TRABAJO AFECTAN LA SALUD

       Pues ya estaba ahí, le dí click para seguir la liga…

       No, yo no trabajaba 11 horas diarias. Cuando me quedaba en la oficina, un par de veces a la semana, a lo mucho, estaba ahí dos horas después de mi horario de salida. Mejor terminaba el trabajo en mi casa, ahí estaba más cómoda -entonces no es depresión.

     ¡¿55 a la semana?! ¡Ni loca! Cumplía mis 48 horas como dice la ley.

     ¿Infarto?

     ¡Nada que ver!

     Lo que hago en mi casa, pues, es porque en la oficina ya no me da tiempo y no me siento cómoda ahí, además debo dar más. Con eso de la nueva organización hay más competencia, quienes no eran productivos fueron despedidos. A mi no me tocó, saben que puedo ser más productiva. Mi jefe, que es todo un líder, es consciente de ello y por eso me dio más actividades y responsabilidades. No le puedo quedar mal, debo responder a la confianza que tiene en mi.

      ¡Debo cuidar mi trabajo, allá, afuera, está bien difícil!

      Ahora resulta que el trabajo me va a matar. De dónde sacan eso del cortisol o lo de los patrones inconscientes o lo de las empresas mexicanas con escenarios malos y adversos o lo de la explotación, ya ni la chingan. Si dicen que en Alemania están mejor, por qué no se van para allá. Se quejan y se quejan pero no hacen nada.  

       El artículo ese, sólo me hizo enojar. Ese tal Páramo, quien escribió el texto, debería hacerle honor a su apellido e irse a Comala para encontrarse con sus fantasmas. No, mejor que se ponga a trabajar.

       Dejé esa página. Ya no estaba para esos discursos izquierdosocialcomunistas que se filtran por todos lados. Para colmo se hacen los cosmopolitas y cultos usando palabras raras y extranjeras. Deberían cuidar nuestra lengua… ¡El español es tan bonito! ¡Es la lengua de Cervantes!

       Volví a mi trabajo. Eran las dos de la mañana y no había hecho casi nada. Ya era tiempo de dejar la queja y desquitar el sueldo.

       Pasaron varios meses y mi salud empeoró, pero ya no hice caso, no tenía tiempo para esas cosas y opté por aguantarme. Maldita necedad.

       Era como descubrir el hilo negro…

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Lo que sigue es un epílogo:

       No sé si ella descubrió el hilo negro, a nadie le contó. De buena fuente me enteré que iría a Alemania, pero el único viaje que hizo fue al hospital. Claro que salió, bueno, el pasado día de muertos le prendí una veladora.

       In memoriam:      La carencia / Panteón Rococo

¿“MALOS HÁBITOS”?

Contar esto me da un poco de vergüenza, pero sólo un poco, al final sigo siendo el mismo cínico de siempre. Bien dicen que las personas nunca cambian. Pero bueno, esto no pretende ser una declaración psicológica – ¿aún se sigue escribiendo con /p/ esa palabra? – o parte de un ensayo terapéutico para callar esas otras voces en mi cabeza. Tampoco es parte de una justificación y mucho menos busco el auxilio de un alma caritativa, claro, no me negaría a la compañía de alguien.

¡Ah!

¡Tal vez esa sea la respuesta a este extraño hábito!

¿La compañía de alguien?

Suena bien y hasta da categoría. Entro al grupo de los corazones rotosysolitarios, también en el de los de varoysinamigos o en los sabelotodoegocentricosantisociales. Pero, pensándolo bien, ese tampoco es el camino, porque solo o acompañado me da lo mismo.

¿Será económico?

Una ocasión fue esa la causa. Entré ahí porque no tenía dinero para comprarlo. Caminaba ya noche, eran como las once y me moría por él. Metí la mano a la bolsa del pantalón, encontré unas monedas, las conté y para mi desgracia no me alcanzaba. Era injusto, no en realidad. Siempre guardaba para el último al final de la quincena, esa ocasión no sé qué pasó, creo que se me atravesó un libro. En fin, me moría de las ganas. De pronto, como un oasis –no es comercial, no tiene que ver con esas tiendas que venden pura chatarra-, un anuncio con luces neón, azules y blancas, formando la repetición de letras más hermosas: el doble A de 24 horas.

Mi mente comenzó a carburar. Ese era el lugar donde podría conseguirlo y lo mejor es que era gratis. Entré con toda seguridad. Subí las escaleras al primer piso, luego de pasar una puerta pequeña y maltratada a mi izquierda, un don, delgado, casi cadavérico me dio la bienvenida. Agradeció que estuviera ahí, que hubiera dado el paso decisivo para cambiar mi vida. Me recetó un gran abrazo, efusivo. Después dándome el paso me señaló la mesa donde estaba lo que buscaba. Sin más, me acerqué y lo tomé. Caminé al fondo del lugar, después de cuatro filas de sillas y casi de frente a la tribuna, donde un tipo decía algo, me senté.

Caliente, entre mis manos, lo acerqué a mi boca. Mis labios vibraron a su paso. Éste fue fulminante, cada parte de mi cuerpo se desbordó en el placer, era el clímax, la iluminación. Me desconecté.

 

Como todo en este mundo lo que empieza debe terminar y este momento no era la excepción. Regresé a la Tierra. Me levanté de la silla. Alguien en la tribuna decía algo. Caminé a la puerta y salí de la mano de una gran sonrisa. Lo repetí tantas veces como pude, sin importar que trajese dinero. Claro, era versátil, pasé por todos los AA de la colonia y algunos de las calles aledañas. El problema fue cuando se acabaron los lugares y repetí uno. El don cadavérico me reconoció y me preguntó por el día en que iba a compartir. Si traía dinero para la coperacha, pero él no se refería a eso. Se trataba del cuándo me subiría a la tribuna para hablar.

¡Chale!

Hasta ahí llegó nuestro romance.

 

Regresé a los hábitos comunes: pagar por él, buscar la mejor calidad, que estuviera caliente, algún encuentro con una desconocida para platicar de hijos, carreras truncas, esposos infieles, novelas en la televisión, fútbol, la tendencia otoño-invierno, proyectos que no pasaran de ahí, no por falta de entusiasmo, sino, por falta de trabajo. Terminé con la cara embarrada de tristeza y aburrición. Necesitaba tenerlo otra vez, como en aquellos tiempos mozos del AA. Ese tórrido romance de primera vez, pero… no podía regresar, la relación ya era imposible, quedamos como amigos.

 

A la vuelta de una semana, el papá de un amigo murió. Como es la costumbre fui al velorio. Llegué solo. Al entrar a la casa donde estaba el cuerpo miré a un montón de gente que no conocía. Todos vestían de negro, algunos lloraban, otros platicaban anécdotas con el difunto. A mi cuate no lo vi, seguro estaba con su familia. No hice por buscarlo. Seguí observando a la gente, sus gestos, sus movimientos.

De pronto, cuando la noche hacía su mejor presentación, lo miré ahí, todo tierno sobre una mesa. Me decía “tómame, estoy caliente”. Sin pensarlo me acerqué, de pies a cabeza temblé, era un sueño mágico-musical. Sólo estaba esperándome. Una vez más el éxtasis: ¡el amor es real! Recordé mi primera vez, pero está la superaba. Juré no separarnos otra vez y lo he cumplido cabal. No falté a ningún velorio alrededor de mi casa. Después amplié le rango: mi colonia, otras colonias. Fue desgastante, pero valía la pena. En poco tiempo ubiqué las funerarias para llevar una agenda más completa, no falté a ningún velorio, rosario y levantada de cruz. Agarré tanto cayo que hasta pude representar la cara de doliente con el más profundo pésame.

¡Todo por él!

 

A la fecha sigo con este hábito. No creo que sea malo, no lastimo a nadie. Llego con todo el respeto que los deudos merecen, bueno, el ramo de flores o a veces hasta una pequeña corona llevo, según el lugar. Ya es mucho vivir la pena de perder a un ser querido, como para que yo llegue preguntando dónde puedo servirme café.

 

P. D. Tampoco es económico.

P. D. 1. Se recomienda escuchar Rebel, rebel / David Bowie, para darle un poco de sabor al café.

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Nos han dado la tierra / Juan Rulfo

¿Será que tampoco “decimos lo que pensamos” porque “las palabras se calientan en la boca con el calor de afuera, y se le resecan a uno en la lengua”?

¿Será que esta tierra que nos han dado sea igual a la que Rulfo describe en su cuento? o ¿Sólo así la queremos ver para continuar hundidos en nuestra comodidad, en nuestra cotidianidad?

Este cuento tuvo, tiene y tendrá un sin fin de interpretaciones, todas en la medida de cuantos lectores pasen por ahí. Para mi ese llano tan adverso puede ser la representación metafórica del alma, tal vez de la modernidad, seguro del campo mexicano o una simple insinuación producto de la imaginación.

¡Aquí el cuento completo!

 

¿CÓMO TE LLAMAS?

Es media noche, otra vez, intento recordar para escribir, para recrear el pasado. Pero qué sentido tiene: ¿lastimarme? No, ya no. Recordar entonces es descubrirte, volver a verte ahí, tierna, hermosa.

Sólo tengo el valor de saludarte, como todos los miércoles. Me gustas, pero no sé sí deba decírtelo, tampoco sé cómo. Es gracioso tener esta incertidumbre, se supone que a mi edad, debería saberlo o ¿debería consultar un manual?: Conquístela en 10 pasos. ¡Manual for idiots! Para todo existe uno de éstos, un deber ser. Bueno, para mi caso, no estoy muy seguro.

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Comenzaré invitándola a salir: un café, un té o una cerveza; una película. ¿Le gustará el diseño gráfico?, ¿será que una cosa vaya con la otra? Espero que sí. ¡Qué tal que le atino! Debería preparar todo el tour. ¡Ah!, pero no sé con cuánto tiempo cuento, tal vez ella tenga que regresar temprano a su casa; qué tal que su mamá la espera sentada en el sillón de la sala viendo una película de Marlo Brando; si su papá también espera escondido detrás de las cortinas de la ventana de su recámara sosteniendo una escopeta, esperando a que lleve a su hija para después soltarme unos balazos; qué tal que ella debe estudiar para preparar su tesis doctoral sobre medios libres, alternativos, autónomos o como se llamen; y si vive solo con su perrito y debe llegar a darle de comer; o si prepara un proyecto que revolucionará la industria farmacéutica, y si nos convertimos en una pareja de yonquis que viaja a través de Estados Unidos por la Ruta 66; y si terminamos desayunando desnudos en el lobby de un hotel en Reforma; y si se termina el 2 x 1 en los detergentes para ropa; y si esta “Declaración de odio” no es otra cosa que “Estar simplemente como delgada carne ya sin piel”; y si el sueño de California se diluye y en su lugar aparece uno más frío o si el rocanrol deja de sonar en mi corazón; qué tal que “La Tormenta” nos traga, mientras que nos peleamos por ser el MC o por sacar provecho de cada paso en nombre de la revolución; y si mi romanticismo no cabe en tu modernidad.

 

¿Por qué pensé en una diseñadora gráfica?

 

¡Y si mejor me callo y antes de invitarla a salir le pregunto su nombre!

Respuesta a…

¿Sabes? La noche se ha convertido en mi compañera, en mi consejera. Hoy estas palabras, como respuesta a tu carta, son hijas de la oscuridad. Están llenas de una musa, mi musa… de ti. Sí, hoy tú eres ella.

Cierro los ojos e intento, recuerdo alguna de tus palabras. Trato de acomodarlas en mi cabeza, pero es complicado. Me resisto a pensarlas. En mi loco sueño las ordeno de diferente manera, para que digan otra cosa, para que amengüen mi insomnio.

Muchas vueltas le he dado a esta respuesta, tal vez no quiero terminar de escribirte. Son tantas ideas en mi cabeza, capaz que si logro aterrizar alguna, podría ser el autor de un best seller. Lo que más me suena es la palabra “Conquista”, sobre todo, ligada a otra: “incomodidad”: la incomodidad de la conquista.

¡Me acabas de dar una lección!

¡Gracias!

Creía que con agobiarte de detalles, de palabras bonitas ganaría la batalla –eso de la conquista-, así lo dicta lo normal, el deber ser, vaya macho, ¿no? Me faltó sensibilidad, escuchar lo que tú necesitabas. Agradezco entonces tu sinceridad, ahora puedo estar atento a esas formas. Por otro lado y para no caer en eso que me explicabas de los kabbalisticos, me toca sincerarme contigo: eso de la conquista no me gusta, lo veo referido al poder, al sometimiento del otro, otra. Más bien mi intención es la de compartir, quería descubrirme ante ti. Me ganó el acelere característico de esta modernidad.

Sin duda respeto, entiendo y admiro tu capacidad para detener lo que no quieres o lo que ahora no necesitas. Muchas veces sólo nos dejamos llevar, nos enganchamos y terminamos frustrados con relaciones y situaciones que nos resta.

Siguiendo con las sinceridades, paso mucho tiempo pensando en ti. Me hubiese gustado que esto llegara a más, porque me interesas sobremanera, pero ahora entiendo tu situación y no quiero interferir en esa paz que buscas. Es un camino difícil, mira que lo conozco, pero tiene muchas satisfacciones. De corazón deseo que logres esa transición, que termines por encontrar el amor “donde reposan todos los amores” y si sigo ahí, pues ya hablaremos. En tanto aquí estaré con las manos llenas de amistad y los oídos prestos a escuchar.

Abriste una puerta, por ella se escurrió una luz, pasó de contrabando y me tocó. Me sigue acariciando, me abraza, por ello no está cerrada, ni se cerrará, porque permitió reconocerme, reafirmarme como ser humano: el que sueña, el que tiene esperanza, el que logra provocar una sonrisa, el que encanta, el que se equivoca, el que vive.

¡Sí Lú, eso hiciste!

Seguirás siendo la musa de este poeta, que por su condición, el romanticismo se funde en cada sonido de esta moderna ciudad, pero no te preocupes tu condición se aloja ya en el Parnaso de mis concepciones. Caminemos entonces, que hable el tiempo o el destino o como quiera que se llame. El universo es caprichoso y todo puede cambiar.

¡Nunca dejes de sonreír!

Reporte de lectura

“La literatura hispanoamericana de fin de siglo”

Rafael Gutiérrez Giradot

¿Reporte de lectura? ¿Será que el maestro no confía en nuestro compromiso con eso, con la lectura y debemos escribir sobre algo que ya leímos para comprobarle? Tal vez nuestra poca participación en clase le da motivos para pensar que nos hacemos güeyes. Yo también lo pondría en tela de juicio, pero no es así. No participamos porque nos da miedo hablar, qué tal que alguien más dice algo inteligente y quedamos en ridículo.

                  No, eso nunca, “antes muerto que sencillo”.

             Eso no puede pasar, somos estudiantes de letras, por tanto, sabemos un chingo, bueno, hasta traemos nuestro disfraz de escritor, ¡qué no!

                 Pues bueno, lo que sigue será mi reporte. Debe quedar chingón, soy escritor y nadie puede decir lo contrario.

“El que no fuma, no alucina”

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