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TRAVESÍA

¡Relatos del tiempo!

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Tiempo

Cuando los instantes…

Pero los párpados se llenan de sueño,

pretenden cerrar toda conciencia

                e indicio coherente

de cualquier realidad matizada por el tiempo.

Se confabulan con la noche,

con algunos espasmos del pasado.

Despiertan pretensiones

               irreales,

                        frías,

                             desarrapadas.

Son vicios alucinados e irreverentes

como las voces apagadas

          que deambulan entre las entrañas

              de las calles muertas que viven

en ésta, la nuestra,

                 monstruosa ciudad.

Ciudad Monstruo, abril 16, 2018

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

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Tal vez

Reflexión sobre de brevedad del tiempo y su capacidad efímera de contención:

Audio

 

Ciudad Monstruo, febrero 20, 2018

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

¿Efímero, el tiempo?

Por el momento

las nostalgias se quedan en lo cóncavo del pensamiento,

administrados por el tiempo,

                     por las soledades oscuras de la noche.

Sus voces

                    pierden fuerza,

                    se diluyen formando un compuesto sin materia,

                                                            pasajero.

Sólo resultan un mormullo,

          desgastado,

          vago

                                   e insolente.

Se quedan, pues,

                           inmóviles.

Ahora su lugar es ocupado

                  por una decena de vacíos

                   dispuestos a escribir de nuevo,

                    a llenar con tinta los espacios en las hojas listas

                     para recibir otros insomnios

                      y atardeceres

                      producto de letras

                       en otras entrañas fijas en la piel.

Encontré, entonces,

      aquello que en las nostalgias no pude ver.

Ciudá’ Monstruo, agosto 16, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

FB: Víctor Hugo Pedraza

Soundcloud: https://soundcloud.com/user-223468380

EN TANTO LA NOCHE LLEGA

Cuando el sol

o Marte

o el cosmos

son seducidos y caen,

de rodillas,

ante el esplendor de la noche y sus misterios,

de sus brujas,

confío en que algunos dioses,

ocultos,

rompan el ahogado silencio,

así, sus esquirlas apasionadas

se estrellen y

desgarren las entrañas de un cuerpo cadavérico y ansioso,

que alucinado,

quiere derrumbar el vaticinio de los profetas,

aquel encadenado a cada latido en el corazón,

dotando de respuesta a las preguntas en su memoria,

desarrollando,

por inercia,

la mera creación de una vasta realidad

que sólo puede mirar con los ojos del efímero tiempo,

el implacable.

 

C. M., febrero 12, 2017

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

ESPECULACIONES

La expresión de la libertad,

el destino,

se confunden.

Mezcla en la creación

de un apocalipsis vago,

misterioso,

lleno de palabras.

Promesa ávida de sueños,

con un derroche criminal de absurdos

y amaneceres agolpados,

estrellados contra la consciencia

de lo desconocido.

 

¿Existe libertad en el destino?

¿Pensar en ello es necesario?

¿Se permite indagar?

 

Llega, entonces, la incertidumbre,

madre de todas las ansiedades.

Ya no hay tiempo,

se ha confundido con el escabroso palpitar

de una ajena sombra.

Tal vez, llegue con las respuestas

a todos los destinos a pesar de sus fantasmas.

 

Será él

quien fije las libertades y los destinos.

Los pondrá en los límites de un segundo

para desaparecerlos,

los llevara de tiempo en tiempo

y los cubrirá de enigmas:

signos velados en los misterios del universo.

 

Entonces así,

y sólo así,

despertarán bajo el cobijo

de un pensamiento eterno.

 

Se descubrirán

detrás de un verso

diseñado en la nocturna espacialidad

del sueño que no existe.

Noviembre 14, 2016

vhugopedraza@gmail.com

@victorhugo202

 

 

Karoshi: en busca del hilo negro

Decía que no tenía nada.

      Ese doctor del Seguro Social sólo me dio unas pastillitas para el dolor de cabeza, me programó una cita para tres meses después, claro, no sin antes, dos meses y medio, estudios de laboratorio. Lo cierto era que yo creía que iba a morir. A cada rato me enfermaba del estómago, dejaba de comer, no dormía bien, sentía como taquicardias, ya ni se me antojaba mi novio y eso no ya no es normal, no es de dios. Entonces busqué la segunda opinión y la tercera y la cuarta: el consultorio de Los Similares, el consultorio del doctor Pérez, la prima de una amiga, especialista en trastornos del sueño, lectura del iris, del café, de los caracoles, de la mayonesa, del tarot, té de tila, de ajenjo, fumé mota, alineé mis chacras, le pedí al santo de las cosas difíciles, al santo… enmascarado de plata, bueno, hasta fui con doña Lenchita a que me hiciera una limpia. Mi tía me decía que lo más seguro era que cuando fui al panteón, a ver a mi abuelo, se me había pegado un muerto porque no llevaba la mitad de una cebolla debajo de la blusa. Todos estos malabares me llevaron a la misma respuesta: “No tienes nada”. Lo que si tuve seguro fue que debía trabajar más tiempo. Las visitas, los menjurjes y esas, otras, medicinas alternativas cuestan. Nadie en la vida hace las cosas gratis.

       Ya no la veía llegar, mis esfuerzos no funcionaban, quería echarme a correr, mandar todo a la chingada.

       Luego de la visita a doña Lenchita, por enésima vez, regresé a mi casa, entre a mi recámara, encendí la lap del trabajo y me conecté. Tenía que contestar los correos que se habían acumulado. Pasaba de la media noche y yo seguía en chinga, el dolor de cabeza regresó junto a un mareo. ¡Y si estaba embarazada! La verdad no creo, era mi ansiedad o a menos que el espíritu santo haya hecho de las suyas, otra vez, después de dos mil años.

       Cerré el correo y gogleé mis síntomas.

       ¡Ándale, encontré: Karoshi!

       Lo que me faltaba. Ya tenía bastante con mis otras palabras y prácticas para sanar y ahora llegaba esta palabra de juego de video japonés. Pero no venía sola, se acompañaba del siguiente título:

HORARIOS PROLONGADOS DE TRABAJO AFECTAN LA SALUD

       Pues ya estaba ahí, le dí click para seguir la liga…

       No, yo no trabajaba 11 horas diarias. Cuando me quedaba en la oficina, un par de veces a la semana, a lo mucho, estaba ahí dos horas después de mi horario de salida. Mejor terminaba el trabajo en mi casa, ahí estaba más cómoda -entonces no es depresión.

     ¡¿55 a la semana?! ¡Ni loca! Cumplía mis 48 horas como dice la ley.

     ¿Infarto?

     ¡Nada que ver!

     Lo que hago en mi casa, pues, es porque en la oficina ya no me da tiempo y no me siento cómoda ahí, además debo dar más. Con eso de la nueva organización hay más competencia, quienes no eran productivos fueron despedidos. A mi no me tocó, saben que puedo ser más productiva. Mi jefe, que es todo un líder, es consciente de ello y por eso me dio más actividades y responsabilidades. No le puedo quedar mal, debo responder a la confianza que tiene en mi.

      ¡Debo cuidar mi trabajo, allá, afuera, está bien difícil!

      Ahora resulta que el trabajo me va a matar. De dónde sacan eso del cortisol o lo de los patrones inconscientes o lo de las empresas mexicanas con escenarios malos y adversos o lo de la explotación, ya ni la chingan. Si dicen que en Alemania están mejor, por qué no se van para allá. Se quejan y se quejan pero no hacen nada.  

       El artículo ese, sólo me hizo enojar. Ese tal Páramo, quien escribió el texto, debería hacerle honor a su apellido e irse a Comala para encontrarse con sus fantasmas. No, mejor que se ponga a trabajar.

       Dejé esa página. Ya no estaba para esos discursos izquierdosocialcomunistas que se filtran por todos lados. Para colmo se hacen los cosmopolitas y cultos usando palabras raras y extranjeras. Deberían cuidar nuestra lengua… ¡El español es tan bonito! ¡Es la lengua de Cervantes!

       Volví a mi trabajo. Eran las dos de la mañana y no había hecho casi nada. Ya era tiempo de dejar la queja y desquitar el sueldo.

       Pasaron varios meses y mi salud empeoró, pero ya no hice caso, no tenía tiempo para esas cosas y opté por aguantarme. Maldita necedad.

       Era como descubrir el hilo negro…

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Lo que sigue es un epílogo:

       No sé si ella descubrió el hilo negro, a nadie le contó. De buena fuente me enteré que iría a Alemania, pero el único viaje que hizo fue al hospital. Claro que salió, bueno, el pasado día de muertos le prendí una veladora.

       In memoriam:      La carencia / Panteón Rococo

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